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Por May
Segunda parte
Los calidos rayos de sol sobre mis parpados me hicieron ir abriendo poco a poco los ojos. Me estiré inconscientemente mientras una sonrisa venia a mí al recordar el recibimiento que mi abuela me había preparado el día anterior.
“Dios, no sé de que me sorprendo…si está como una cabra…y el otro chota lo sabía…menudo par…” reí.
Un suave toque a la puerta me sacó de mis pensamientos.
- Adelante- dije incorporándome en la cama.
- ¿Puedo pasar?- cuestionó suavemente mi abuela introduciendo su cabeza a través de la pequeña apertura.
- Claro que si- la invité con una sonrisa que fue correspondida.
- ¿Cómo has dormido, pequeña?- preguntó al tiempo que se sentaba sobre la cama y me besaba la frente.
- Genial, creo…que desperté en la misma posición que me acosté- hice una mueca con mi boca haciéndola sonreír de nuevo.
- Es normal. Ayer hiciste un largo viaje.
- Sí…
- Me alegro mucho de tenerte conmigo cariño, ha pasado tanto tiempo desde que…- su voz se quebró.
- Ey no, mira que no quiero lagrimas…- me acerqué rodeándola en un abrazo.
- Ya, es solo que…me emociona tenerte en casa- sonrió con ojos brillantes producto de las lagrimas que pugnaban por ser liberadas.
- Y a mi me emociona estar…pero no quiero que estés triste, ¿si?- cuestioné con una sonrisa en mis labios.
- Sí…y bueno, cuéntame… ¿qué tal el colegio? Me he enterado que el año que viene comienzas la universidad.
- Si…- afirmé bajando la mirada mientras recordaba la ultima disputa que había tenido con papá respecto a eso.
- ¿Estás bien pequeña?- preguntó sujetando mi barbilla con su mano y haciendo que la mirara a los ojos.
- Si, es solo que…tuve una discusión con papá respecto a eso hace unos días.
- ¿Qué es lo que sucedió?- cuestionó con calma.
- Nada…solo que el quiere que siga sus pasos…que siga con el negocio familiar…
- Y a ti eso no te gusta…
- No, no me gusta…- admití triste.
- ¿Sabes? Creo que deberías hacer lo que te guste, no lo que diga tu padre.
Sonreí agriamente antes de responder.
- Eso es un poquito difícil, ya sabes como es papá…
- Si lo sé…te recuerdo que fui yo quien lo parió una fría tarde de invierno- comentó al tiempo que hacía una mueca. Me hizo sonreír.- ¿Qué? Es cierto…hacia frío…el muy desgraciado podría haber elegido el día antes que no nevaba…
- Papá es como el abuelo, ¿verdad?
- Cortados por la misma tijera.
- Ojalá hubiera sido un poquito mas como tú- mi comentario se ganó su sonrisa.
- Que tu padre sea cabezota y obstinado no quiere decir que no te quiera.
- Lo sé…pero ya empiezo a ser mayorcita, creo que soy capaz de tomar mis propias decisiones y asumir las consecuencias que ello implica.
- Sin duda…supongo que solo necesita tiempo para descubrir que su niña ya no es tan niña.
- Tal vez…pero me niego a convertirme en lo que quiere que sea- afirmé tajante.
- ¿Sabes? en eso te apoyo, ¿te apetece salir a desayunar al pueblo?
*****
Sumida en mis pensamientos entré al viejo café de Andrew.
- ¡Llegas tarde!- fue su cálido recibimiento nada mas cruzar el umbral de la puerta.
Hice caso omiso a su refunfuño dirigiéndome hacia la parte trasera. Me coloqué el delantal y entré a la barra.
- Si estoy bien, el viaje genial, las clases divinas y mi madre te agradece enormemente el que me mantengas en mi puesto- dije esto ultimo a regañadientes mientras lo encaraba.
- A la próxima espero llegues a tu hora- fue su única respuesta antes de perderse en las profundidades del pasillo que dirigía hacia el almacén.
- No le hagas caso, ya sabes como es…- intentó disculparlo Susan.
- Si, un desgraciado cascarrabias…te acompaño en el sentimiento de tener que llamarlo papá cada día.
Sonrió antes de acercarse y abrazarme.
- Te he extrañado Lena- susurró empinándose y besando mi mejilla.
- Y yo a ti pequeñaja.
- Ey, ya no soy tan pequeña…- se quejó golpeándome el hombro.
- Pues yo te veo igual- comenté mientras tanteaba su altura.
- Jaja, estate quieta…- de nuevo me golpeó
- ¡Ey! A ver si comenzamos a tenerle un poco de respeto a los mayores- la previne comenzando a hacerle cosquillas.
- Jajaja, ¡paraa!
- ¿Se puede saber que hacéis? Os pago para que trabajéis, no para que os pongáis a hacer manitas- nos regañó Andrew el cascarrabias.
Comencé a hacer movimientos con mi cara, imitándole, una vez se dio la vuelta. La chica a mi lado comenzó a reír como loca. La mirada de su progenitor al volverse la paró, aunque no por mucho. Malhumorado y murmurando por lo bajo, Andrew puso de nuevo rumbo hacia el almacén.
- ¿Cómo lo soportas?
- De la misma manera que te soporto a ti- me sacó la lengua.
- Muy graciosa…- de nuevo me abalancé sobre ella dispuesta a tomar venganza.
- Jaja, ya, ¡¡yaaa!!
Estábamos tan enzarzadas en lo nuestro que no escuchamos cuando tres personas entraron al local.
- Dios, que vigorosidad desde tan temprano, ¿qué les dan a los jóvenes de ahora?
Paramos al oír la risueña voz de Mati. Nos giramos encontrándola junto a Rubén y una rubia que se me hacia terriblemente familiar. Susan entró volando a la cocina, dejándome a solas con el peligro.
- Ni idea señora, debe de ser el colacao, el alimento de la juventud- respondió risueño este a su vez.
- Buenos días señora Spencer- la saludé adoptando una pose seria- Señor Gustav…- me dirigí hacia este antes de mirar a la chica a su lado- Señorita…
“¡…Del tren!” El reconocimiento vino de súbito a mí. “Claro…el tipo de la estación era Rubén…”.
- Buenos días Lena, ella es mi nieta, Karen.
Miré a Mati consciente de repente que me había quedado mirando fijamente a su nieta. Encontré su sonrisa y un brillo cómplice en sus ojos.
- Buenos días, Karen- encaré de nuevo a la chica.
- Buenos días, Lena- me respondió de vuelta con una tímida sonrisa asomando a sus labios. Le sonreí a mi vez.
- ¿Qué te gust…? digo, ¿qué les gustaría tomar?- volví mi atención hacia Mati y Rubén.
“Joder Lena…a ver si nos controlamos y miramos menos…que es la nieta de la tía con mas influencias del pueblo…te pueden acusar de pervertida”
Pidieron sus consumiciones y se sentaron en una mesa. Susan y yo comenzamos con nuestro trabajo.
- ¿Se puede saber que miras?- me preguntó burlona. Aparte la mirada de Karen para dirigirla a mi pinche de cocina en ese momento.
- ¿Yo? Nada…que voy a estar mirando…anda, pásame el tomate…- intenté cambiar de tema.
- Tomate es lo que hay aquí… ¿qué te traes con la rubita?
- ¿Cómo que qué me traigo? ¡Si la acabo de conocer! Dios, estas peor que Linda…- su recuerdo trajo una sonrisa a mi rostro. Sonrisa que Susan malinterpretó.
- Oh, si… ¡te gusta!- gritó apuntándome con el cuchillo.
- ¿Linda? Sí, me encanta…y baja ese cuchillo, que pareces Jason en miniatura- le saqué la lengua.
- No hablaba precisamente de ella… ¡y no te burles de mi tamaño!- volvió a gritar histérica apuntándome con el cuchillo.
- Ok, sastrecilla valiente…captado…- alcé mis manos en son de paz.
- Payasa- me sacó la lengua.
- Yo también te quiero mi amor- le lancé un beso al aire.
- ¿Cómo va lo tuyo con Linda?- cambió de tema.
- Bien…no quería dejarme venir.
- ¿Y eso?- paró de cortar jamón para encararme.
- Sus planes eran que fuéramos a Paris este verano.
- Oh… ¿entonces se fue a Paris sola?
- No lo sé…- me encogí de hombros.
- La hubieras traído aquí a pasar unos días…
- Jaja, ¿Linda aquí? ¿En este pueblo de mala muerte? demasiado surrealista…
- ¿Tan pija es?
- Nah, es solo…que no la veo.
- Bueno, pero algún tendrá que conocer el lugar donde creciste…
- Supongo- volví a encogerme de hombros- Lo cierto es que por ahora me alegro de que no hubiera decidido acompañarme, demasiados problemas en casa- comenté sacando las tostadas del grill.
- Algo me ha contado papá…y bueno, también he oído por ahí…me da mucho miedo Lena…
Su afligida voz me hizo mirarla. Dejé mi labor y me acerqué a su lado.
- Ey, vamos…No va a pasar nada…te prometo que no dejaré que nada malo os pase- la abracé.
- Lo sé…pero eso es lo que realmente me aterra…
*****
“Así que trabaja aquí…eso si no lo imaginé…parecía sorprendida de haberme visto… seguro que tampoco imaginaba volver a verme…”
-…Y luego me gustaría que nos llevaras al centro.
- No hay problema, ¿algo mas, señora?
- Si, no me llames señora.
- Muy bien seño…digo Mati- sonrió.
- Así me gusta, cariño, ¿a ti te parece bien? ¿Cariño?
- Eh… ¿ehn?- volví a la realidad cuando mi abuela puso una mano en mi brazo.
- Cariño, ¿te encuentras bien?- cuestionó preocupada.
- Si, claro, lo siento…es solo que andaba pensando en otra cosa… ¿qué decías?
- Que si después de desayunar podemos ir a la gestoría, me llamó mi abogado para que fuera a firmar unos documentos.
- Ok, me parece bien, por mi no hay problema- le sonreí.
- Gracias, no nos demoraremos mu…- no pudo acabar, Lena la interrumpió apareciendo con nuestro desayuno.
- Sus desayunos.
- Gracias Lena- agradeció mi abuela absorbiendo el aroma de su caliente café.
- De nada señora- continuó colocando platos sobre la mesa.
- Gracias- le sonreí cuando plantó el plato delante de mí. Su sonrisa fue lo que recibí en respuesta.
- Buen provecho, si necesitan algo avísenme.
- Gracias Lena, por ahora está bien- le sonrió mi abuela.
La morena asintió con la cabeza antes de retirarse de nuestro lado. No pude evitar seguirla con la mirada. Al llegar a la barra del bar y volverse nuestros ojos se encontraron. Rápidamente volví la vista hacia mi desayuno, ajena, pobre de mí, a la mirada cómplice de mi abuela al otro lado de la mesa.
Los asuntos de mi abuela se alargaron hasta más del medio día.
- Lo siento cariño…tu primer día aquí y mira…que desconsiderada soy.
- No te preocupes abuela, no pasa nada. Eran cosas que se tenían que resolver.
- Ya pero…
- Abuela, de verdad que no pasa nada…- le sonreí.
- Esta bien, pero esta noche señorita usted y yo salimos por ahí a cenar. No espero un no como respuesta.
- Ok, me parece perfecto- no pude resistir el impulso y la abracé.
- ¿Y eso?
- ¿Qué? ¿No puedo abrazar a mi abuela?
- Claro que si mi niña- me besó en la mejilla. Le sonreí.
El coche se detuvo, habíamos llegado a nuestro destino. Abrí la puerta y salí, mi abuela hizo lo propio no esperando ni a que Rubén saliera y le abriera.
- Cosas así son las que me hacen recuestionarme mis servicios en esta casa- comentó rodando sus ojos.
- La edad lo está volviendo tan sensible…- me afirmó con toda la seriedad del mundo mi abuela. Entré a la casa riendo. Anita apareció de repente a nuestro lado.
- ¿Se le ofrece algo a la señora y a la señorita?
- No, gracias Anita… a ti, cariño, ¿te apetece comer?
- ¿Bromeas? si con el desayuno creo que tengo para estar alimentada para cuatro días como mínimo.
- Es más exagerada que su abuela, lo cual ya es decir- entró en escena Rubén.
- Rubén si tiene hambre, venía diciendo por el camino que quería un…- su mano en mi boca me impidió decir s.
- El desayuno le afectó.
- Jaja, estaré en mi estudio- se alejó mi abuela de nuestro lado.
- Bueno, yo creo que también me voy a hacer algo por la patria…limpiaré el coche- y también salió.
Anita se quedó mirándome.
- Yo…ehn…
En vista de que el abanico de posibilidades que se me presentaban para matar el rato era tan amplio que no me decidía por ninguna, Anita me ayudó.
- Tal vez le gustaría salir a dar un paseo por los alrededores de la casa antes de la hora de la cena.
- Sí, creo que haré eso, muchas gracias Anita.
- De nada señorita Karen- la oí decir mientras subía las escaleras de dos en dos rumbo a mi cuarto.
*****
Serían algo más de las seis cuando salí del café de Andrew. Comencé a caminar calle abajo, sumida en mis pensamientos. Había sido un día agotador en el café pero ni aún así era suficiente, con lo que me pagaba ese viejo cascarrabias no tenia ni para empezar si quería ayudar a mi familia y no sacrificar mis estudios en el intento. Linda vino a mi mente de repente. Viendo una cabina telefónica aceleré el paso y me colé en su interior.
Tras hurgar en mi bolsillo y encontrar unas monedas, las introduje en la ranura y marqué un número de teléfono. Un tono, dos tonos, tres tonos…
Buenas, ha llamado al 860-22…
Colgué al oír la chirriante voz del contestador automático.
“Dios Linda…te extraño tanto…”.
Suspiré con resignación antes de abandonar la cabina y seguir caminando calle abajo.
No tardé mucho en llegar a la puerta de mi casa. Subí las escaleras topándome a medio camino con mi madre.
- Oh, Lena, ya estás aquí, ¿cómo te fue?-preguntó acercándose a mi, me agaché y la besé.
- Bien, cansado…no sé de que se queja ese viejo esclavista.
- No hables así de tu padre, Lena.
- Ese hombre no es mi padre, mi padre murió el mismo día que abandonó esta casa- escupí con rabia.
- A veces me da miedo escucharte hablar así- admitió triste.
- Yo…lo siento…pero no puedo cambiar lo que siento respecto a el.
- Ya, pero sigue siendo tu padre.
- ¿Qué es eso?- inquirí refiriéndome al paquete que cargaba entre sus manos intentando así cambiar de tema.
- Oh, es un encargo que me dejó la señora Spencer…unos arreglitos que me pidió que le hiciera a uno de sus vestidos.
- Mamá te tengo di…
- Cariño, no me hagas parecer una inútil…bien sabes que ese dinero lo necesitamos, además coser me distrae de pensar…-dijo esto ultimo mirando hacia la nada.
- ¿Aún no ha llegado Eric?
- No, no ha llegado…ya debería haberlo hecho, su turno de trabajo acabó hace mas de tres horas…
- No te preocupes, estará bien…luego intentaré hablar con él. Anda, dame eso se lo llevo a la señora Spencer- le solicité prácticamente arrebatándoselo de las manos.
- ¿Querrías hacerlo?
- Claro mamá, no hay problema…de todas formas no tengo nada que hacer.
- Gracias cariño- me sonrió, pero sus ojos no revelaban lo mismo que intentaba mostrar su sonrisa.
- Por nada, descansa un rato, te lo ganaste- la abracé antes de darme la vuelta y bajar las escaleras.
Media hora después estaba cruzando la puerta que separaba los dominios de la señora Spencer del mundo. Continué caminando por el sendero hasta que un ruido procedente de unos arbustos cercanos llamó mi atención. Seguí caminando sin detenerme pero esta vez un chillido llegó a mis oídos.
Me giré, apenas dándome tiempo a esquivar lo que se me venía encima: una rubia semidesnuda corriendo, manos en alto, como alma que llevara el diablo y gritando histérica perdida.
Continuará…
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