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Cualquier duda, sugerencia o crítica constructiva (que no destructiva), me encontráis en katzey_83@hotmail.com |
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Por May |
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Décima parte Mis obligaciones me obligaron a regresar a Londres unos días después. - ¿Y cuándo me la presentaras? Levanté la mirada de mi cuaderno por octava vez en menos de cinco minutos y miré a mi amigo entornando mis ojos. - Vuélvemelo a preguntar y nunca, ¿me oyes? - Uys, eso sonó amenazante…- comenzó a tirarme trozitos de goma a la cara. - Tú sigue…que hoy no vuelves entero a la cena. - ¿Pero no me ibas a invitar? Joder que estirada estas desde que tienes novia. - Ya…- cerré el cuaderno y lo encaré al otro lado de la mesa- ¿Satisfecho? - No, ¿qué se siente al besar a una chica?- cuestionó adoptando una pose de lo mas mariposona. Enarqué mi ceja, observándolo incrédula, estaba claro que este chico nunca dejaría de sorprenderme. - ¿Qué sentiste cuando me besaste? - Cosquillitas…jeje, tu me entiendes…-empezó a gesticular con su cara. - No, no te entiendo- le respondí seria. - ¡Vamos! ¿Qué sentiste tú? - Babas, muchas babas…Por tu bien y el de tu futura, espero que hayas aprendido a besar mejor. - Teníamos diez años, ¿qué quieres? Demasiado que te besé… - Oh si, y ahora resulta que me hiciste el gran favor de mi vida. - ¡Claro que sí! Fui quien abrió el camino, ¡pero si nadie se te acercaba a menos de tres metros! - Y ni falta que hacía. - Claro, teniéndome a mi cerca… - Cierto, contigo me bastaba y me sobraba- rodé mis ojos recordando a un mini Robert escondiéndose despavorido detrás de mi para evitar que los matones del colegio le robaran el desayuno. - ¿Entonces cuándo me la presentaras? - Mira niño…-elevé el dedo amenazante- a la… El teléfono cortó todo argumento. Me acerqué y lo cogí. - ¿Si? - ¿Cómo esta la estudiante de derecho mas guapa de todo Londres? - ¿Sólo de Londres?- pregunté a la vez que una sonrisa se instalaba automáticamente en mi rostro. Sonrisa que atrajo a mi amigo como un imán a mi lado. - ¿Es ella? Déjame, pásamela, pásamela- comenzó a susurrar entre saltos intentando robarme el auricular. Lo empujé y me volví de espaldas. - Decir de toda Europa sería muy presuntuoso por tu parte. - Jaja, ¿cómo estas cariño? - Extrañándote horriblemente, pero bien, supongo que bien. ¿Y tú? ¿Cómo vas con los exámenes? - Fatal, empiezo a pensar que me equivoqué de carrera. - Vamos no será para tanto, ya verás como salen bien, solo no te presiones. - ¡Lo que pasa es que no deja de pensar en tiiii!- grito Robert acercándose y ganándose otro buen empujón. - ¿Estas con alguien? ¿Molesto?- la oí cuestionar dudosa. - ¡Noo! Es solo Robert, estábamos estudiando… - Oh, ok, entonces te dejo, no quiero que te distraigas. - ¡Noo! Quiero decir, no me distraes. - No es lo que he oído… Giré mi cara y le dediqué una mirada asesina, asustado levantó los brazos y se separó sentándose sobre el sofá. Moví mi cabeza en un claro gesto de que se largara de la sala. Se levantó y salió. - Lo siento…ya se fue…no le hagas caso… - Jaja, ¿lo echaste? Dios, ahora me cogerá pelusilla… - Eso le pasa por cotilla, te digo que Andi a su lado no es nada. - Pues ya es decir entonces… ¿y cuando me lo presentaras? “¿Qué pasa? ¿La pregunta del día o qué?” - ¿Quieres conocerle? - Me muero por conocer al personaje. - ¿Debo ponerme celosa? - No mucho más de lo que ya estoy yo por saber que él te tiene al lado mientras otra tiene que conformarse con tu voz. - Solo tres semanas. - Y dice solo…tu lo que no quieres es verme. Claro, como tienes a Robert es fácil… - Oye que tú también tienes a Andi. - ¿Y? - Pues eso, ¿y? - Que te quiero. - Ah y yo no… Un grito pareció oírse en la otra línea. - Mamá dice que te alimentes, te abrigues bien y saludes a la señora Norman de su parte. - Que no se preocupe. - ¿Ya te he dicho que te quiero? - Uhm, puede… ¿por qué? - Porque te quiero, un beso, nos vemos. - Te quiero, nos vemos. Colgué el auricular y me giré percatándome de la presencia de mi amigo bajo el marco de la puerta. - ¿Y tú que haces ahí? - ¿Comiendo?- respondió con la cuchara en su boca y la tarrina de helado entre sus manos. - Ya veo, muy bonito…tira pa la cocina y deja eso, que luego tu madre me regaña porque no cenas. ***** - ¿Luego saldréis a tomar algo? - Uhm, no sé, la verdad es que no tengo ni idea…- le respondí a mi amiga mientras seguí enfrascada en la colocación de los adornos del árbol de Navidad. - ¡El ositoo! ¡El osiiitooo!- exclamaba saltando a mi lado mi hermano mientras me tendía la preciada figura. - El osito, ¿dónde lo ponemos Alex?- lo cuestioné observando que poco espacio quedaba ya entre las ramas para otro cacharro mas. - ¡Ahiii!!- alzó los brazos intentando llegar sin éxito a la cúspide del gran árbol. - ¿Al lado de la estrellita? - ¡Siii!!- saltó emocionado. - Ok- lo alcé en mis brazos y le permití poner el adorno. - ¡Ya!- gritó haciendo palmas. - Dios, ¡¡eres un fenómeno Alex!!¡¡Te quedo divino de la muerte, oseaaa!!- lo aplaudía a su vez mi amiga. - Jijiji. Lo coloqué en el suelo dirigiéndome de nuevo a Andi. - ¿Algún plan para luego? - Lo de siempre supongo, ya sabes cena familiar y fiestorro en casa. Si no tenéis nada mejor que hacer, que lo dudo- me guiñó un ojo picaramente- Os podríais pasar. - Pues mira, no es mala idea, a ver que dice Nicole, porque dudo que quiera quedarse en casa. - La verdad es que eso de pasar la cena de Navidad con los socios de tu padre- hizo una mueca. - Ya sabes lo completo que es… - ¡Si! Ya veras que sorpresa cuando te vea- apareció el susodicho tras la puerta de la entrada.- ¡Vaya! ¡Pero si tenemos visita! ¡Hola Andi! - Hola Miguel. - ¡Papá!- se tiró Alex a sus brazos desde el sofá. - ¡¡Woooaa!!¡¡Pero si está aquí mi hombrecitoo!! Pasa David, no te quedes en la puerta- le comentó al chico que se encontraba a su lado instantes antes de entrar a la habitación. - Hola- nos saludó cortésmente aun cerca de la puerta. Le devolvimos el saludo. -Os acordáis de David, ¿verdad? “Como olvidar al primer chavalin con el que me morreé…” - Si… ¿Qué hay? ¿Cómo estas?- me acerqué a el y lo besé cordialmente. - Pues nada, aquí a traer unos bultos para la cena para luego no venir tan cargados, si me permitís voy sacarlos del coche. - ¿Necesitas ayuda?- le cuestionó mi padre. - Nah, puedo solo…ahora regreso- dijo dedicándome una sonrisa antes de volverse y salir. - Que chico mas simpático, ¿verdad?- comentó papá dirigiéndose hacia la cocina con mi hermano aun en sus brazos. - ¿Y Nic?- pregunté extrañada, pues supuestamente debería de haberla recogido ya. - Llamó a la oficina diciendo que su vuelo se retrasaba por un par de horas, iré en un rato, ¿te apuntas? - Me gustaría- le sonreí bobamente mientras lo veía perderse tras la puerta. - Tierra llamando a Natalia, tierra llamando a Natalia, Houston tenemos un problema. - ¿Eh?- volví la atención hacia mi amiga. - ¿Acaso aun no te has coscado de la situación?- enarqué mi ceja al mas puro estilo Nic- El tipo de ahí fuera…jeje, hola- lo saludó sonriendo falsamente cuando el susodicho cruzó la sala directo a la cocina-…va a cenar con vosotros esta noche- susurró entredientes. - Si, ¿y? - ¿Cómo que y? ¿Tengo que hacerte un croquis? ¡Tu ex y tu novia van a estar en la misma mesa! - No es mi ex…- traté de restarle importancia al asunto. - No trates de llamarme mentirosa…que yo misma vi como os intercambiabais los chupetes en la guardería…además, ¿no te has fijado como te mira? ¡Pero si te desnuda con la mirada!
- Que conste que te avisé…saluda a Nicole de mi parte- se acercó besándome en la mejilla- Y si queréis pasaros luego ni lo dudéis. - Sí, gracias. - Por nada…mantén los cuchillos bien lejos de esos dos en toda la noche. - Jaja, y luego la paranoica soy yo…hasta luego. - Hasta luego. Cerré la puerta y me giré encontrándome con David de nuevo. - Lo siento, tenías que…- me aparté dejándole sitio para pasar. - No, ya he…sacado todo…solo eran un par de ollas. ¿Ya se fue Andrea? - Sí, tenía prisa, me pidió que te despidiera de su parte-mentí. - Gracias, raro…de sobra es sabido que le caigo peor que una patada en el culo. - Nah, no creo. ¿Y que tal en Italia?- intenté cambiar de tema. - Bastante bien, estoy compartiendo piso con un par de chicos más. - ¿También estudiantes de periodismo? - Si… ¿y que hay de ti? no has cambiado tanto desde la ultima vez que te ví… - Jaja, ¿tu crees? - Claro que sí, de pequeña eras la niña mas bonita de todo el colegio y ahora de mayor… ¡wooaa! “Oh oh, Nat terreno peligroso…a ver donde pisas” - Esta claro que necesitas revisarte la vista con urgencia. ¿Sabes? que estudiaras periodismo no me sorprende, era algo que desde pequeño te apasionaba pero, ¿estudiarlo en Italia? - Ya sabes que siempre me gustó todo de allí- me miró con descaro. “¿Este chico siempre ha sido tan directo? Definitivamente tanta pasta y pizza le afectaron…” - ¿Y tú? ¿Me seguirás?- continuó. - Jaja, ¿a Italia? No creo… - Bueno, realmente me refería a si estudiarías periodismo, también te encantaba. - Y lo sigue haciendo… - ¿Eso es un si? - Tal vez…pero nunca en Italia. - Nunca digas nunca- me sonrió- Además, tu lo tendrías fácil allá. Tienes familia y hablas mucho mejor que yo el italiano, que ya es decir. - Jaja, pues estaría bien…si fui yo quien te enseñó. Pero nah, paso…prefiero España. - Uys, ¿y de que hablan los tortolitos?- apareció mi padre. - Nada, aquí rememorando viejos recuerdos- comentó David sin dejar de mirarme. - ¿Vas a ir ya a por Nic?- le pregunté obviando el comentario. - Si, ¿venís? “No, por favor, di no…” - Papá seguro David tiene muchas cosas que hacer… - Nah, para nada, ¿quien es Nic? - Mi sobrina, vamos a recogerla al aeropuerto. Vive y estudia en Londres pero pasará las Navidades con nosotros- dijo mi padre saliendo de casa. El camino hacia el aeropuerto transcurrió con el monólogo eterno de papá hablando de negocios con David. Aparcamos el coche y nos dirigimos hacia la terminal desde donde desembarcaría. Íbamos caminando cuando noté que alguien me agarraba desde atrás por la cintura. - ¡Buu! Me giré claramente asustada. Era Nicole. Me miró sonriente antes de envolverme entre sus brazos. - Princesa, no te pares o llegare… ¡Nicole! ¿Cómo…?- cuestionó extrañado papá mientras reparaba en su presencia. - El vuelo solo se retrasó una hora, iba de camino a coger un taxi cuando os ví- se separó de mi y se abrazó a el. - Cariño, hubieras llamado...Sabes que no había ningún problema. - Ya, pero quería daros una sorpresa. - Una sorpresa me diste a mi, que por poco me da un infarto del susto- la golpeé en el brazo en broma. - Ouch, ¿así es como me recibes? yo también te quiero. Le saqué la lengua en respuesta. Sonrió antes de dirigir su mirada hacia el chico que había a nuestro lado. - Nicole, él es David, el hijo de mi socio Carlos. David, Nicole, mi sobrina. Se saludaron cordialmente antes de poner rumbo hacia el coche. El viaje de regreso esta vez transcurrió en un interrogatorio hacia Nic, tanto por parte de papá como de David quien para mi sorpresa y “desgracia” había elegido pasar el camino esta vez en el asiento trasero con nosotras. Sus miradas y sus sonrisas hacia mi no parecieron pasar desapercibidas para la persona sentada a mi otro lado.
- ¿Y conoces a ese David desde hace mucho?- cuestionó Nicole mientras ya en nuestra habitación colocaba su ropa en el armario. - Desde niños, ¿te ayudo?- me levanté colocándome a su lado. - No, no hace falta…- siguió entregada a su labor. - ¿Estas molesta conmigo?- dejó todo su quehacer y me miró. - No, ¿por qué? - Porque aun no me has besado- me acerqué mas, rodeando su cintura con mis brazos. - Ah, por eso…- torció la boca pensativa- Pues déjame decirte que tu tampoco lo has intentado, ¿no te hace eso pensar que tal vez lo esté esperando? Le sonreí antes de comenzar a acercarme a su rostro, nuestros labios comenzaron a rozarse apenas cuando la puerta fue abierta de pronto. Nos separamos rápidamente. - ¡¡Nicooo!!- gritó Alex entrando y enganchándose como siempre de la pierna de esta. - ¡¡Aleeex!!¡Cuanto tiempo renacuajo! A ver, déjame verte...-consiguió que se separara- ¡¡Iooss!!¡¡Como has crecido!! - Jiji, ¡¡toy grande!! - ¡¡Siii!!- se puso de rodillas a su lado- Dentro de poco me ganaras. - Jiji, ¡¡sii! ¡Miraa! ¡Quería verteee!- señaló hacia la puerta desde donde Rosita intentaba huir. - Ohh, vaya… ¡Rositaa! ¿Seguro que quería verme? Más bien creo que quiere irse. - ¡¡Noo!!¡Rositaaa!- se levantó y la cogió. Rosita asustada se escondió en su caparazón.- ¿Rosita?- la sacudió- ¡Desperta! - Jaja, Alex déjala, esta cansada… - Si, tié sueño, voy a acostarla- salió corriendo de la habitación dejándonos de nuevo a solas. Se levantó y cerró de nuevo la puerta. Comenzó a acercarse sugerente hacia mí. - ¿Por dónde íbamos? - Uhm…- sus labios en mi cuello no me dejaban pensar con claridad. De nuevo la puerta se abrió de repente. - ¡Nicole!- exclamó ahora mi otro hermano entrando sin ningún tapujo a mi habitación y acercándose a nosotras.- ¿Qué hacéis?- cuestionó extrañado dada nuestra rara posición. - Eh, nada, mirándole a tu hermana algo que tenia en el cuello. - Será un chapetón de su novio. - Seguramente- me miró risueña admirando todas las tonalidades de rojo en mi cara. - ¡Sal de aquí sapo! - Nicole que bueno que vinieras- pasó olímpicamente de mí y la abrazó- Ya veras, conseguí un nuevo juego de luchas. - ¿El que te conté? - ¡Si! Me costó encontrarlo pero…buff, tá de vicio… ¿jugaremos? si si, por fa… - Claro…espero que hayas practicado porque esta vez no pienso dejarme. - Te vas a cagar…me voy a practicar- e igual que entró, salió. - Niños- rodé mis ojos. - Así que novio, ¿eh? - No te iras a… - ¿Me puedes besar de una puñetera vez?- se acercó no dejándome ni acabar. Y estaba por hacerlo cuando de nuevo la puerta se abrió sorprendiéndonos ahora abrazadas. - ¡Nicole! ¿Tienes ropa sucia? - No…toda limpia tía- se separó de mí algo cortada. - Lo suponía. Si tenéis frío dadle a la calefacción, aunque por mí podéis seguir abrazadas. Ahorro pa el rancho- cerró la puerta dejándonos a solas de nuevo. Comenzamos a reír por lo cómico de la situación. - ¿Toda tu familia se puso de acuerdo o qué? - Por si acaso mantén las distancias…que aun queda papá. - Y el David ese… - El no creo que suba. Toc toc - Al menos alguien educado… ¡adelante!- grité a quien fuera que estuviera al otro lado del pasillo. - Hola, ¿se puede?- cuestionó dudoso David entreabriendo la puerta. - Hola, si, claro. - Bueno, me estaba preguntando si querríais venir a dar una vuelta antes de la cena. - Uhm…- miré a Nicole esperando una respuesta por su parte. - Conmigo no contéis, aun me queda equipaje por sacar, la ducha…uff… - ¿Y tú Natalia? - Bueno, eh…otro día tal vez…aun me queda ducharme también, además tenia que arreglarte el pelo, ¿verdad Nic?- busqué que me siguiera el juego. - Oh si…pero no te preocupes, ve si quieres, ya me las apañaré- sonrió pasando completamente y como si aquello fuera lo mas normal del mundo. - Anda, ven… - No, mejor otro día… ¿si? De verdad tengo aun cosas que hacer. - Ok, como quieras, luego os veo entonces…hasta luego. - Lo siento, hasta luego- dije a la vez que lo veía desaparecer tras la puerta cerrada. - Eres mala, mira que darle calabazas al pobre chico- comentó Nic comenzando a ordenar de nuevo su ropa. - Habló la santa…parece que quisieras que me metiera en su cama. Enarcó su ceja y me miró. - Creía que no tenía de que preocuparme, que solo era tu amigo de la infancia. - Pues si… - ¿Entonces? ¿Pretendes que te cele? ya sabes que eso no es que vaya precisamente conmigo… - Ya, pero al menos podrías fingir un poco. - ¿Mas de lo que ya de por si hago? Por favor, no me vengas con niñerías ahora…- se dio la vuelta y siguió con su labor. - ¿Niñerías? ¿Te parecen niñerías? Dime, ¿de verdad te importo? - Por supuesto que me importas, ya deberías saberlo, ¿o que aun no te diste cuenta?- me encaró de nuevo. - No lo parece cuando te comportas así…como hace un rato…- salí de la habitación con lágrimas en los ojos y me encerré en el baño. ***** “Vale Nicole, tu sigue centrada en tu plato e ignora las risas de tu novia con ese payaso…no vas a mirar, no vas a enarcar tu ceja y por supuesto no vas a abrir tu bocota para interrumpirles. Eso, tu solo come y calla. Los celos no te consumen…solo es, la sensación de sentirte ignorada por la persona que quieres mientras un elemento trata de camelársela a base de bromitas y chistecitos…” - …si, y va y dice, el pavoo, ¡el pavooo! - Jaja, menudo pánfilo. Espero me lo presentes algún día, se ve un tipo…interesante. - Jaja, sin duda…si hubieras visto la primera vez que salimos de copas… “Suficiente…” Me levanté de mi silla y puse rumbo hacia la cocina. Me apoyé con las manos en la encimera a la vez que cerraba los ojos y trataba de calmarme. Unas manos no tardaron mucho en posarse en mi cintura. El olor de su perfume la delató. - ¿Qué quieres? ¿Ya te aburriste de tu amigo?- pregunté aun con los ojos cerrados. - No seas estúpida… Me giré y la encaré. - Estoy cansada Natalia, esto no funciona…y lo sabes. - ¿Te cansaste de mi? - No pero… - Si de él. - Tal vez…Mira, parece un chico agradable, simpático, buena gente, le gustas, a tu padre le encanta…Lo que quiero decir es que tal vez deberías reconsiderarte la idea de… Cortó toda mi verborrea juntando nuestros labios. - No hay nada que reconsiderar…te quiero a ti…y que sea un chico agradable, simpático, buena gente, que le guste y a mi padre le encante…No va a cambiar nada. Siento haberme comportado como una niña contigo esta tarde, pero más siento que la rabieta me haya llevado a ignorarte de esta forma durante toda la noche. - ¿Rabieta? ¿No era un plan? - ¿Siempre tienes que cuestionarme todo? - Ya sabes que no me gusta dejar cabos sueltos. - Ejem- carraspeó alguien en la puerta. Nos separamos antes de girarnos y descubrir de quien se trataba- Lo siento, no quería interrumpir, solo venía a por algo de hielo. - Uhm, si, está en el congelador… - Gracias, no lo hubiera ni imaginado…- comentó el chico abriéndolo y sacando una bolsa para instantes después vaciarla en la cubitera. - ¿Necesitas ayuda?- trató de acercársele Nat. - No, no te preocupes, podéis seguir con lo vuestro- me miró con asco antes de salir por la puerta. - David espera…- trató de seguirle Natalia pero la sostuve del brazo. - Déjalo, creo que será mejor que le des su tiempo… -Si, supongo…- bajó la mirada. - Ey- le sostuve la barbilla haciendo que me mirara- Todo va a estar bien, ya veras- le sonreí. - Eso espero, será mejor que volvamos… - Sí. La seguí a través de la puerta y el pasillo hasta llegar a la sala. Nos sentamos a la mesa, frente a nuestros respectivos platos. David, que en ese momento estaba hablando con su padre, se giró a mirarnos. De sobra esta decir que el desgraciado se pasó el resto de la noche ignorando a Natalia a su lado.
- Hola- dije saliendo al patio de la cocina y dirigiéndome hacia el balancín con una copa en cada mano. Le tendí una al chico sentado, la cual aceptó.- ¿Puedo?- cuestioné insegura. - Por que no ibas a poder, si a fin de cuentas prácticamente vives aquí. - Aún así, no dejo de ser una extraña. - Por eso te tomas tantas libertades con la hija de los dueños, ¿verdad? - Siento mucho que tuvieras que enterarte de esa manera. - No lo sientas, me alegro de que me hubierais abierto los ojos de esa manera, seguro que bastante ya os habréis reído a mi costa - tiró el cava hacia el césped quedándose con la copa vacía entre sus manos. - No digas cosas que no sabes, Natalia te aprecia mucho…y me guste más o me guste menos, puedo intuir por que… - ¿Y ella te lo ha dicho? - No, pero basta entrar ahora mismo ahí dentro y mirarla a los ojos para ver que se encuentra herida. - ¿Y qué haces aquí perdiendo tu tiempo conmigo? ve allá a consolarla, que seguro que se te da estupendo- me miro fríamente. - Pensaba que eras otro tipo de persona, pero ya veo que me equivoqué- me levanté y comencé a caminar hacia el interior. Me detuve y me volví- Solo una última cosa, ¿qué te molesta más? ¿El hecho de que esté con una mujer? ¿O el hecho de que tu ego de machito haya sido herido? Hay queda la pregunta…- me giré y continué caminando hacia dentro. Entré a la sala, donde la música ya invadía el espacio haciendo que las paredes retumbaran. Me acerqué a mi tío, demasiado alegre dado lo temprano de la noche. - ¿Sabes donde esta Natalia? - Subió a su cuarto, al parecer no se encontraba muy bien…anda subele una copa que se anime, ¡la noche es joven!- comenzó a bailar saltando mas que un canguro. Subí las escaleras y toqué suavemente a la puerta. - Adelante. - Hola- dije entrando y cerrando la puerta tras de mi.- ¿Qué haces aquí tan temprano? ¿No te encuentras bien?- pregunté acercándome y ya sabiendo la causa de tal encierro. - Estoy cansada, fue un largo día. - ¿Segura?- me quité mis zapatos y me tumbé junto a ella en la cama. - No, lo cierto es que no paro de darle vueltas a lo que ha sucedido en la cocina…no quería que se enterara de esa manera…Me duele saber que después de todo no fuera como esperara, que no me acepte de esta manera, creía que era mi amigo…- me miró al borde de las lagrimas. - Ey vamos- la abracé- Solo necesita tiempo para asimilarlo todo…concédeselo. - Ojalá tengas razón… - Ya veras como sí- la besé en la sien antes de separarme un poco y tratar de secarle las lágrimas- Y no llores mas, que se te corre el rimel. - Pero si no llevo rimel- sonrió. - Tal vez, pero conseguí mi objetivo- le sonreí a mi vez antes de acercarme y besarla suavemente. - ¿Y solo tienes ese objetivo?- cuestionó sugerente cuando nos separamos. - Si te portas bien, tal vez mas tarde te desvele el resto. - Interesante- comentó antes de posicionar sus labios de nuevo sobre los míos. ***** - Muere cabrón de mier… - ¡Dani! ¿Qué te tengo dicho? - Si, señorita Scarlataaa…¡¡cabronazo!!¡Dale Nic! ¡¡Daleeee!! Rodé mis ojos mientras intentaba por tercera vez centrar la atención en el libro que sostenía en mis piernas. Serían algo más de las seis de la tarde. De nuevo el sonido del par de energúmenos que tenía delante me distrajo de mi cometido. Elevé mi vista hacia el televisor donde dos pequeños monigotes intentaban ganar la Segunda Guerra Mundial ellos solitos. - ¡¡Danii!! No puedo, ¡necesito ayuda! ¡Ayuda! cambio… - ¡¡Usa el bazocaa!!¡¡El bazocaa!! - Ah, será hijo de…-tiró Nicole el mando al suelo antes de subirse a mi lado en el sofá y robarme parte de mi manta. - Ey…-intenté quejarme para solo ganarme por eso el quedarme destapada completamente. Me sacó la lengua mientras se reliaba en ella en la otra esquina del sillón.- Ahora veras…- me abalancé sobre ella. - ¡¡No te preocupes, yo te vengaré primaa!!¡¡Fiuuu!! ¡¡Fiuuuuu!!- seguía mi hermano golpeando frenéticamente los botones del mando mientras se revolcaba por el suelo, ausente a nuestra propia batalla campal sobre el sofá. - Ouch…si serás…- se defendió intentando hacerme cosquillas. Suficiente ataque para acabar de bruces contra el suelo. – ¿Te has hecho daño, cariño?- preguntó inocente desde arriba. Mi respuesta no se hizo esperar, de nuevo subí sobre ella y comencé a atacar, siendo yo esta vez la que la arrojaba contra el suelo. - ¿Estas bien, mi amor?- pregunté ahora yo desde arriba. - Oh sii…- sin esperarlo acortó el breve espacio que nos separaba y me robó un beso- Divinamente tesoro…- susurró antes de levantarse. - Pa que no pase frío mi niña- Me tapó mimosamente con la manta - ¿Te apetece algo caliente? - ¿Un chocolate?- la miré con ojillos suplicantes. - Marchando un chocolate para la niña. Dani, ¿tu quieres algo? - ¡Palomitas! - ¡Y unas palomitas para mi vengador!- la vi desaparecer por el pasillo. Apenas habían pasado unos segundos cuando el timbre sonó. - ¡Voy yo!- la oí decir a la vez que se dirigía hacia la puerta.- Hola. - Hola… ¿que hay? ¿Está Natalia?- el sonido de esa grave voz hizo que de un salto me levantara del sofá. - Sí, pasa… Me encontraba doblando la manta cuando David y Nicole entraron a la sala. - Hola…- dijo algo cortado aun en el marco de la puerta. - Hola, no te esperaba… - Bueno, yo…estaré en la cocina. Dani, ¿por qué no vienes y me ayudas con esas palomitas? - ¿Ahora? joo… - Andaa…por fáa… - Bueeeno, pero luego jugaremos un partidillo, ¿vale? - Hecho… ¿David? ¿Te apetece tomar algo? ¿Un café? ¿Un chocolate? - Un café estará bien, gracias. - Ahora mismo volvemos…- de nuevo se perdió por el pasillo, aunque esta vez junto a mi hermano. - Yo…siento molestar…- intentó disculparse mi amigo. - Nah, para nada, ni te preocupes, ya ves que planazo tenemos para una fría tarde de domingo. - ¿No están tus padres? - No, salieron a una comida, se llevaron solo a Alex. - Oh, ya veo…bueno, yo solo vine a…disculparme contigo por lo de la otra noche…siento haberme comportado así, supongo que solo me sorprendió. El hecho de que me gustas creo que no es ningún secreto, desde niños me has gustado…pero quiero que sepas que el que estés con otra persona no va a cambiar nada al respecto. Seguirás siendo mi amiga, y te seguiré queriendo y apreciando como tal. Lo noté titubear durante unos instantes, antes de tragar pesadamente y volver la mirada hacia otro lado. Me acerqué y lo abracé. - Gracias David, todo esto, significa mucho para mi- dije apenas me separé de el. - Es buena chica, ¿verdad? - Si…- bajó la mirada- Y tu también eres un buen chico. - Gracias, supongo que simplemente no vengo con los complementos adecuados- me miró tratando de bromear. - Si hay algo de lo que me he dado cuenta, es de que los complementos poco importan a veces- le sonreí. Pareció quedarse un rato pensativo, analizando mis palabras, hasta que el conocimiento se vio reflejado en su cara. Estaba a punto de hablarme cuando Nicole y Dani aparecieron en la sala. - La merienda está lista. El buen ambiente reinó durante el resto de la tarde. A eso de las ocho David se despidió de nosotros y se marchó a su casa. Terminé de recoger los cacharros de la merienda y subí a mi habitación. Me encontraba preparando mi ropa para meterme a la ducha en cuanto saliera Nicole cuando el sonido de su móvil me sorprendió. Lo sostuve entre mis manos intentando adivinar quien era a través del identificador de llamadas y con el dilema de seguir dejándolo sonar o cogerlo. Decidí que lo mejor era dejarlo sonar hasta que saltara el contestador, y así hice. Pero tras unos breves instantes en silencio de nuevo comenzó a sonar. Lo cogí y salí de la habitación. Toqué a la puerta del baño. - ¿Nicole? ¿Has termin...? - ¿Sí?- abrió la puerta rodeada en una minúscula toalla. - Eh, estoo…- sacudí ligeramente mi cabeza en un claro gesto por librarme de todos esos pensamientos perversos que comenzaban a venir - Móvil- se lo planté en todas las narices. - Oh, gracias… ¿Si?- cuestionó con el cacharrito en su oreja- Oh, hola señor Stevens. Me quedé pasmada en la puerta sin ser capaz de moverme ni de apartar la mirada de cada gesto. Ella por su parte permanecía ajena a mí, concentrada en la conversación con el tal Stevens. No sé ni como lo hice pero al final conseguí ordenar a mis piernas que volviéramos a la habitación para otorgarle cierta privacidad. Cerré la puerta tras de mi antes de suspirar. Me senté sobre mi cama mientras intentaba evadirme del suave susurro a través de la cerrada puerta de su perfecto ingles. Unos minutos bastaron para que entrara a la habitación, para mi insatisfacción con algo más de ropa. Comenzó a rebuscar en una carpeta que sacó de uno de los bolsillos interiores de su maleta vacía. - ¿Era importante? - Si- siguió enzarzada con los papeles hasta que pareció encontrar aquello que tanto buscaba. Estuvo un rato leyéndolo antes de coger de nuevo el teléfono y llamar.- Señor Stevens, no puede ser…- comenzó a dar vueltas por la habitación con el teléfono al oído- No, le digo que no puede ser, y no me estoy metiendo con su trabajo, solo que los datos no concuerdan- hablaba tan rápido que no la entendía, parecía exasperada.- Ok, me reuniré con usted, nos vemos- colgó y tiró el móvil hacia la maleta. Movió la cabeza antes de comenzar a ordenar todos los papeles que había sacado y a guardarlos en su sitio. - ¿Sucede algo?- pregunté insegura, no sabiendo a que venia todo eso. - Si, tengo que volver a Londres- comenzó a sacar su ropa del armario y a meterla en la maleta. - ¿Qué? ¿Por qué? ¿Cuándo?-pregunté levantándome y acercándome a su lado. - Mañana seguramente, tengo que recoger unos papeles de la oficina de mi abogado para llevárselos a alguien. - ¿Y no puede dárselos tu abogado? - No, tengo que verificarlos con los que yo tengo en mi poder antes. - Pero... - Es necesario Natalia, es importante- me miró dejando a un lado su labor- Te prometo que si puedo, intentaré regresar aunque sea para tres días. - No te preocupes- me acerqué y la abracé- Haz lo que tengas que hacer, podré esperar. ***** - Mire señor Stevens, no tengo nada en contra de usted ni mucho menos, pero esta información no me cuadra lo mas mínimo. - Pues está claro, todos los datos lo confirman, su abuela Anne Rismond Brown murió hace exactamente 26 años. - ¡No! ¡Le digo que no, ella no puede estar muerta! - Pues lo está, y pronto lo comprobará. Preferí callarme y dar por zanjado el tema en ese momento. Intenté ignorar el martilleo incesante de mi cabeza y me centré en el paisaje a través de la sucia ventana de mi puerta. Hacía ya dos días que había regresado de España, el mismo tiempo que llevaba sin poder conciliar el sueño. “Ella no puede estar muerta, no puede. Sé que aun vive, no sé por qué, pero lo sé…” Dos horas mas tarde llegamos a nuestro destino, Portsmouth. - ¿Hacia dónde nos dirigimos?- pregunté en cuanto vi que pasábamos la ciudad de largo y poníamos rumbo a las afueras. - Hacia el cementerio. Tragué pesadamente ante la revelación, vale que sabía que me demostraría el dato pero nunca imaginé que de forma tan directa. - No te dará miedo…- comentó guasón mirándome de reojo. Me limité a enarcar mi ceja y mirarle de lado. - Tranquilo, cuidare bien de usted. Siguió conduciendo aparentemente molesto. No tardamos mucho en llegar al siniestro lugar. Bajé del coche, alegre por librarme de los malditos muelles del asiento del copiloto, y comencé a estirarme intentando colocarme todos los huesos en el sitio. El desgraciado me había tenido en esa tartana viajando durante toda la noche. - ¿Y bien?- lo miré esperando que me mostrara la evidencia. Con toda la parsimonia del mundo cogió un papel, sacó un sobrecito de su bolsillo y comenzó a liar un cigarro. - Uhm…sígame…- entró al campo sagrado y comenzó a caminar. Lo seguí no demasiado segura de si el tipo sabía exactamente hacia donde iba. Después de varias vueltas en círculo al recinto pareció ver la luz. - Está en la parte vieja. Rodé mis ojos y lo seguí en silencio mientras interiormente me recordaba a mi misma que el asesinato era un grave crimen a o los ojos de la ley, muy a pesar de que con el se pudiera librar al mundo de imbéciles como al que seguía. Salimos del recinto y cruzamos la carretera, entrando a una zona mas desolada. Tras pasar varias lapidas al fin se detuvo en una. Se giró sonriéndome con aire triunfal. - Hemos llegado. Le presento a su abuela. Pasé al tipo, y miré el mármol que en ese momento me señalaba con tan poco tacto.
Anne Rismond Brown 1938-1980 Tus hijos y tu esposo no te olvidan
Me agaché, apoyando mi rodilla en la mojada tierra y acaricie la lapida. - ¿Satisfecha?- cuestionó impaciente Stevens. - No, ¿cómo descubrió que esta mujer era mi abuela? ¿Qué le llevó hasta aquí?-pregunté sin mirarle aun acariciando el frío mármol. - Como le dije una compañera de su abuela me dijo que con el traslado del hospital ella había decidido venir a Portsmouth, sabia que se llamaba Anne pero desconocía sus apellidos, usted solo me dio las iniciales como recordará. - Era la única información de la que disponía en ese momento. - Ella me dio el nombre completo, descubrí que era su vieja compañera casi por casualidad mientras me ayudaba a buscar entre los archivos del nuevo hospital. Cuando llegué aquí lo primero que hice fue buscar si estaba en el registro de defunciones. - ¿Y ya está? ¿Así de sencillo? - ¿Sencillo? Me llevó días obtener toda la información. - ¿Toda la información?- me giré escéptica- ¿Qué información? ¿La de que estaba muerta? dígame Stevens, ¿se ha encargado acaso de averiguar algo mas de quien tanto asegura que es mi abuela? - ¡Las pruebas están claras! me pidió que buscara a su abuela y aquí la tiene. - Creo que le paso un cheque mensual con los suficientes ceros como para que pueda hacer bien su trabajo. - Si, y cumplí con mi parte del trato, el trabajo está hecho, que usted no quiera aceptar la realidad es otra cosa bien diferente. - ¿Realidad? ¿Qué realidad?- reí irónicamente- ¿La de que es un incompetente? - Mira niña…-comenzó a amenazarme con su mano. - ¿Niña? ¿Cómo que niña? Seré joven pero no imbécil. No hace falta ser detective para darse cuenta de que hizo mal sus deberes Stevens. ¿Se ha parado a mirar atentamente esa lapida? ¿A comprobar datos? ¡Pero mírela!- le ordene agarrándolo de su llamativa chaqueta a rayas y poniéndolo frente a la losa- ¿Qué dice? Aparte del nombre que parece ser lo único que le llama la atención. Fíjese en las fechas. Mi abuela no nació ese año y usted lo sabe. - Podría ser un error en la lapida o en sus averiguaciones- se apresuró a responder. - Eso es algo que me encargaré de comprobar personalmente Stevens, porque usted, como bien dijo, ya hizo su trabajo. Está despedido. Ni que decir tiene que el muy cerdo me dejó ahí mismo. Salí del cementerio y comencé a caminar hacia la ciudad. Con un poco de suerte tal vez pudiera averiguar algo que me ayudara a llegar hasta la familia de esa mujer. Y la tuve, cuando llevaba apenas media hora de camino divisé una parada de bus, comprobé las líneas y espere al bus que me llevaría al centro de la ciudad. Apenas unas horas mas tarde estaba saliendo del registro civil con toda la información que necesitaba. Un taxi me llevó a mi siguiente destino, el domicilio del esposo de Anne Rismond. No estaba demasiado lejos del centro, apenas un par de urbanizaciones mas al este. La casa que encontré parecía bien cuidada a pesar del pésimo estado en el que parecía encontrarse dada su antigüedad. Atravesé el jardín y subí las maltrechas escaleras de la entrada. Toqué con decisión a la puerta una vez estuve a la altura, no dándome así tiempo para arrepentirme. - ¿Quién es?- preguntó una ronca voz al otro lado de la puerta. - Uhm, ¿señor Spencer? - Si, ¿quién es?- de nuevo cuestionó, aunque esta vez entreabriendo algo la puerta. - Hola, me llamo Nicole Vizza, estoy buscando a mi abuela, creo que conocía a su esposa. Me gustaría hablar con usted por si pudiera ayudarme al respecto. - Mi esposa murió hace muchos años, no creo poderte ser de ayuda- intentó cerrar, pero frené la puerta con eli pie. - Por favor, es importante…no le tomará mucho. Pareció tomarse un tiempo para pensarlo antes de abrir la puerta y permitirme pasar al interior. - Muchas gracias. - No las des…no sé si pueda servirte de mucha ayuda, pasa, toma asiento. Entré y me senté en uno de los sillones de la sala, el anciano tomó asiento frente a mí escrutándome con la mirada. Se la sostuve por un buen rato, hasta que ya, incapaz, la evité y paseé mi vista por la decoración del cuarto. Un cuadro con una imagen llamó mi atención. El anciano pareció notarlo. - Era hermosa, ¿verdad?- cuestionó melancólico. - Mucho. - Bueno, ¿en qué puedo ayudarte? - Antes que nada, siento mucho el tener que molestarle pero su ayuda se me hace vital en estos instantes. - No te preocupes pequeña, dime.- me escuchaba atento. Decidí que lo mejor sería empezar desde el principio así que le hablé de mi búsqueda y de las averiguaciones de mi detective. - Así que el pensó que eras su nieta. - Sí, su esposa nació en 1938, ¿verdad? - Si, aquí mismo en Portsmouth…y te puedo asegurar con total certeza que es imposible que fueras su nieta, mi esposa no podía tener hijos. - Un dato más a favor de mi teoría. - Si, ese tipo de detective lo cierto es que no tenia mucho- sonrió- ¿Te apetece tomar algo?- se levantó de su asiento. - Un vaso de agua estaría bien. - ¿Un vaso de agua? No serás como esas niñas noréxicas, ¿verdad? Te traeré mejor un buen vaso de zumo de naranja. - Gracias señor Spencer- sonreí. - Llámame Peter- me sonrió de vuelta antes de perderse en la otra habitación. No tardó mucho en salir con sendos vasos en sus manos. Agarré el que me ofrecían. - Gracias. - De nada pequeña, ¿cómo averiguaste dónde encontrarme? - En el registro civil, tuve suerte de que no hubiera cambiado de dirección. - Si, esta casa me trae demasiados recuerdos como para deshacerme de ella.- suspiró melancólico.- Tu abuela era enfermera entonces. Su cambio de tema me descolocó. - Si, trabajó en el mismo hospital que su esposa. Y curiosamente también se llamaba Anne y las iniciales de sus apellidos coincidían. - Bastante casualidad- se quedó un rato pensativo antes de levantarse de nuevo de su asiento y abrir la puerta de uno de los armarios del mueble de la televisión. Sacó una caja y comenzó a rebuscar en ella. No pareció tardar en encontrar aquello que buscaba. Me tendió una vieja foto en blanco y negro- Anne me dijiste. - Sí- contesté confusa observando la foto. Dos muchachas jóvenes sonreían a la cámara mientras la majestuosa torre Eiffel se alzaba a sus espaldas. - También se llamaba Anne, y también era enfermera en el mismo hospital que mi esposa. Se conocían desde años atrás. Mi esposa antes de instalarse definitivamente en Inglaterra viajó por Europa. Sé que su amiga la acompañaba. - Mi abuela también viajó por casi toda Europa. ¿Cree que…?- dije sin poder apartar la mirada de la fotografía aun en mis manos. - Anne Russell, su segundo apellido no lo recuerdo, aunque lo cierto es que creo que nunca lo mencionó.- hizo una pausa para llevarse el vaso a los labios y beber- La última vez que la vi fue el día de nuestra boda. Tras eso mi esposa no volvió a saber de ella. - Sabe si aquí en Portsmouth, ¿seguían trabajando juntas? - Si, al menos durante un tiempo. Mi esposa dejó el hospital tras casarnos, supongo que tu abuela seguiría trabajando allí. - ¿Y sabía algo de mi abuela referente a su vida? ya sabe, si estaba casada, tenia hijos... - No, creo que era soltera, y al menos mi esposa nunca me mencionó nada de hijos. - Entiendo… ¿sabe al menos donde vivía? - Si, era compañera de piso de mi esposa. Compartían un pisito por el centro. Aunque ya te digo que después de que nos casáramos no volvimos a saber nada, ni siquiera mi esposa que era tan amiga de ella. - Ya veo…- miré de nuevo la foto antes de devolvérsela al anciano. - No, quédatela, es antigua, pero tal vez te sirva de ayuda…y si no al menos de recuerdo, tengo cientos de mi esposa, por una que pierda no me va a pasar nada- dijo sonriéndome y entregándome la foto. - Muchas gracias- le sonreí de vuelta- Gracias por todo, me ha sido de gran ayuda su información. - De nada, espero que puedas encontrar a tu abuela. Era una mujer misteriosa pero sé que mi esposa la apreciaba mucho. De verdad se entristeció cuando tras casarnos desapareció. - ¿Puedo hacerle una ultima pregunta?-pregunté ya casi al lado de la puerta. - Si, claro. - ¿Su esposa estuvo en Italia en alguno de sus viajes? - Uhm, no lo sé, supongo…tendría que mirarlo en su pasaporte. Lo tenía sellado con todos sus viajes. - ¿Lo conserva? - Sí, era una mujer muy ordenada, le gustaba tener todos sus papeles clasificados. Creo que debo de tenerlo por ahí en algún lado, si quieres cuando lo encuentre puedo ponerme en contacto contigo. - Eso me gustaría, si no fuera mucha molestia, claro- sonreí. - No la es, pequeña. Le di mi número de teléfono y me despedí del anciano. Cuando apenas llevaba una manzana caminada un taxi llamó mi atención con su claxon. - ¿Nicole Vizza?-preguntó el conductor. - Si- respondí extrañada acercándome. - Me llamaron del número 24 de esta calle. Tiene el trayecto pagado. Para la estación de tren, ¿verdad? Solo pude sonreír ante la buena voluntad del hombre al que acababa de visitar. Por un momento llegué a desear que en verdad hubiera sido el esposo de mi abuela. ***** “Nicole, donde estas…por qué no me llamas... ¿tan liada estas que ni te acuerdas de mi?” - Demasiado caro… ¿nos vamos? ¿O seguirás acariciando la tela hasta gastarla? Dejé de manosear el vestido que sostenía entre mis manos y salimos de la tienda. “¿Y si la vuelvo a llamar?” - ¿Te hace un café?- preguntó mi amiga mientras pasábamos junto a la cafetería. - Si- respondí ausente. - ¿Si? ¿Desde cuando te gusta el café?-se volvió hacia mi. - Quise decir un chocolate… - Si, claro… Entramos y pedimos nuestra consumición tomando asiento en una de las mesas. Mientras venían las bebidas Andi comenzó a sacar trapos de las bolsas. - Dios, que cosa más mona, ¿no crees? - Andi por favor, que estamos en mitad de la cafetería, guarda la ropa interior- le susurré ya comenzando a sentir vergüenza ajena. - No me seas antigua, es ropa. Justo en ese momento el camarero se acercó. Apartó con un sonrojo la nueva colección invierno-primavera de lencería de mi amiga y dejó nuestro pedido sobre la mesa. - Gracias- le dije antes de que se marchara. - Otro antiguo…- comentó por su parte Andi. Moví la cabeza divertida y comencé a añadir azúcar y cacao en polvo a mi vaso de leche. - Al fin te ríes…ya me estaba comenzando a preocupar. Solo sonreí y seguí con mi cometido. - ¿No tienes nada que decir al respecto?- siguió. - Que está muy bueno- respondí risueña tras tomar el primer sorbo de mi caliente brebaje. - Ya veo…- agarró su taza y se la llevó a los labios. Bebió unos cuantos sorbos antes de apartarla.- ¿Y que vas a hacer en Semana Santa? - ¿Ya pensando en Semana Santa? Por Dios Andi, si faltan casi dos meses. - Pues si, pero febrero es muy corto- replicó antes de volver a beber- ¿Va a venir Nicole? Dejé mi taza sobre la mesa y comencé a mover el contenido con la cuchara. - Uhm, no sé…no me ha dicho nada. - ¿Desde cuando no hablas con ella?-preguntó casual ya intuyendo la respuesta. - Desde hace un par de semanas…- respondí aun concentrada en el movimiento de mi cuchara. - No te preocupes…estará liada y eso… - Supongo- me encogí de hombros. - ¿Vas a ir al viaje a Sierra Nevada? - No, no creo… ¿tu si? - ¿Estas loca? Si no vas tú, no voy yo. - Tampoco así- la miré- Que no vaya yo no significa que no puedas ir tu. - Ya, pero se me acaban de ocurrir otros planes- comenzó a hacerse la interesante. - Vamos, desembucha- solicité curiosa. - Tú y yo nos vamos cinco días a Londres a hacerle una visita sorpresa a tu amorcito. - ¡¿Qué?!- elevé el tono de forma inconsciente mas de lo que hubiera deseado. - Pues eso…- agarró su taza, terminó de beber el contenido en un sorbo antes de levantarse y coger todas sus bolsas- Que nos vamos ahora mismo a la agencia a reservar los billetes de avión.
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